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Investigation

DHS Contractors Battle Over Deportation Dollars

Migrants are caught in the middle as rival companies fight over immigration enforcement contracts while alleging the procurement system is rigged.

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Collage of an airplane, the Salus Worldwide Solutions logo, CSI Aviation logo, GEO logo, ICE agents, money, court documents, and people lined up.

(Illustration: Luna Velez / POGO)

Mientras empresas con fines de lucro pugnan por contratos del ICE, los inmigrantes están entre la espada y la pared

“Actualmente hay muchísimo dinero en juego con la detención de personas”.

Por Dan Friedman, Will Sytsma, Nick Schwellenbach
Traducido por Patricia Guadalupe

Este reportaje es una colaboración de Mother Jones, POGO Investigates, y el Investigative Reporting Workshop en American University.

William Walters lucha por conservar un enorme contrato gubernamental. Desde el año pasado, la empresa de Walters — Salus Worldwide Solutions — maneja un programa de perfil alto de la administración Trump que ofrece vuelos gratuitos y dinero en efectivo a los inmigrantes indocumentados que aceptan la “autodeportación”. Y, al mismo tiempo, los críticos y competidores de Walters han intentado arrebatarle este contrato a su compañía.

El contrato lucrativo — valorado en hasta 915 millones de dólares — ha suscitado críticas en el Capitolio tras las acusaciones de que Salus consiguió el contrato mediante un proceso que parecía favorecer a la empresa. Pero Walters asevera que los problemas de su compañía están siendo instigados por contratistas rivales. Ha señalado directamente al gigante de las prisiones privadas GEO Group y a CSI Aviation, una firma que gestiona vuelos de deportación involuntaria. Según argumenta Walters, dichas empresas intentan socavar los esfuerzos de Salus en materia de autodeportación porque obtendrían mayores ganancias si los migrantes permanecieran tras las rejas durante períodos más prolongados antes de ser deportados por la fuerza.

“GEO Group y CSI Aviation ... son las empresas que más se beneficiarían de una detención más prolongada y de la deportación bajo custodia de inmigrantes encadenados”, Walters denunció recientemente después de que el representante Bennie Thompson — el demócrata de mayor rango en el Comité de Seguridad Nacional de la Cámara de Representantes — instara al Departamento de Seguridad Nacional (DHS por sus siglas en inglés) a cancelar el contrato de Salus.

Hasta ahora, Walters no ha presentado pruebas directas que respalden sus afirmaciones de que estas empresas han “manejado” el escrutinio del Congreso o de los medios de comunicación sobre Salus, aunque CSI Aviation y GEO Group sí ejercen presión ante el Congreso en asuntos relacionados con la inmigración. GEO Group y CSI Aviation no respondieron a las reiteradas solicitudes de comentarios; Navigators Global, una empresa de cabildeo de Washington, D.C. que trabaja con ambas empresas, tampoco respondió a una consulta.

Pero no cabe duda de que Salus, CSI, y GEO se disputan partes del negocio de las deportaciones masivas surgido durante la era Trump. En este mercado en expansión, las personas que se enfrentan a la deportación — ya sea que estén recluidas en campamentos insalubres, sean expulsadas del país por vía aérea a la fuerza, o acepten marcharse bajo amenaza de detención— son consideradas mercancía.

“La administración Trump abrió las compuertas para que estas empresas depredadoras entraran y se lucraran con la detención de seres humanos”, afirmó Jennifer Ibáñez Whitlock, abogada principal de política del Centro Nacional de Leyes de Inmigración (NILC, por sus siglas en inglés). Señaló que, más allá de las empresas de aviación y de prisiones privadas, hay empresas que obtienen beneficios proporcionando alimentación, servicios de lavandería y otras prestaciones a las decenas de miles de personas que permanecen bajo custodia del ICE cada día. “Actualmente, hay muchísimo dinero en juego con la detención de personas”, comentó.

La campaña de “autodeportación” del DHS se ha convertido en un pilar fundamental de los esfuerzos de la administración para expulsar a millones de inmigrantes del país. En teoría, la idea es relativamente sencilla: ante la amenaza de las medidas migratorias de mano dura del presidente Donald Trump, los inmigrantes indocumentados pueden optar por abandonar sus gestiones legales para permanecer en Estados Unidos y regresar voluntariamente a sus países de origen. Desde que la Casa Blanca puso en marcha el “Proyect Homecoming” (Regreso a Casa) en mayo del año pasado, la administración ha recurrido a una intensa campaña — que incluye publicaciones en redes sociales, entrevistas televisivas, y la distribución de folletos en tribunales de inmigración y centros de detención — para instar a los inmigrantes a “marcharse por su propia voluntad”.

Salus, la única empresa con un contrato federal para facilitar las autodeportaciones, ha llevado esta iniciativa a decenas de centros de detención del ICE en todo el país. El contrato que la empresa mantiene con el DHS le encomienda apoyar el “Proyect Homecoming” mediante la inscripción de detenidos para la autodeportación, la compra de boletos de avión, la tramitación de “pagos de salida”, contratar vuelos, y la prestación de otros servicios. Salus aporta el “único personal presente en las instalaciones dedicado a identificar y ayudar en la tramitación de los candidatos a la salida voluntaria”, según consta en un documento judicial.

Salus afirma que, frente a la dura realidad de la detención prolongada por parte del ICE, su programa de autodeportación ofrece un “enfoque más humano y digno para la salida de inmigrantes indocumentados”. Sin embargo, algunos críticos — entre ellos abogados de migrantes contactados por representantes de la empresa — sostienen que la opción que se ofrece a los detenidos puede resultar coercitiva.

“'Es muy poco probable que un contratista privado del gobierno, que no es abogado, actúe en beneficio de la persona detenida'."

Según Emilie Raber, abogada principal del Centro Amica Para Derechos de los Inmigrantes las condiciones en los centros de detención del ICE son uno de los factores más importantes que los detenidos suelen considerar al decidir si continúan litigando sus casos de inmigración ante los tribunales o si abandonan el país voluntariamente. Dichas condiciones pueden ser deplorables e incluso mortales; la cifra de muertes en los centros del ICE este año va camino de superar la registrada en 2004, que hasta la fecha ostenta el récord anual más alto. La administración a menudo ha presentado el carácter riguroso de la detención como una característica deliberada, y no como un fallo del sistema, especialmente en el caso del centro de Florida conocido como “Alligator Alcatraz”, que ya ha sido clausurado.

Es difícil pasar por alto la amenaza implícita. “Váyanse bajo sus PROPIAS condiciones”, advirtió ICE a los migrantes en una publicación en redes sociales el pasado mes de septiembre. “EVITEN LA CELDA. EVITEN LA HUMILLACIÓN”. El año pasado, la exsecretaria de DHS Kristi Noem lanzó una campaña publicitaria de 220 millones de dólares que difundía ese mensaje, acompañada de imágenes de detenidos esposados mientras eran llevados a la fuerza a los aviones.

Las operaciones de autodeportación de Salus tienen un alcance muy amplio. Un análisis de las ofertas de empleo revela que la empresa y su subcontratista, BDR Strategic Services, han estado contratando a “gerentes de inscripción en los centros” y “agentes de apoyo a detenidos” en las cercanías de centros de detención de todo el país. En un documento judicial presentado en diciembre, Salus informó que había desplegado “equipos de gestión de inscripciones” — compuestos por dos personas — en dichos centros para reclutar migrantes para el programa. Para principios de julio, sus empleados habían accedido a al menos 50 centros en todo el país, según un documento compartido por Walters. La empresa afirma haber facilitado cerca de 80,000 autodeportaciones.

A mediados de abril, un empleado de Salus se acercó a un inmigrante centroamericano en un centro de detención del ICE en el estado de Luisiana con un paquete de documentos para la autodeportación, según informaron Raber y Amelia Dagen, abogados del detenido. Los abogados prefirieron no revelar el nombre de su cliente debido a preocupaciones sobre su privacidad y lo delicado del caso. En un correo electrónico dirigido a Raber, un fiscal federal confirmó la participación de Salus.

Según Raber, Salus presentaba su programa a muchos detenidos del centro como una vía para salir de la detención. Los documentos no estaban en español — la lengua materna de su cliente — pero este entendió que Salus ofrecía una “salida voluntaria”. Raber señaló que su cliente padecía de una afección médica preexistente que no fue tratada durante su detención. (No pudimos verificar de forma independiente el estado de salud del detenido, pero la atención médica deficiente es habitual en los centros de detención de ICE). Aun así, el cliente se negó a firmar los documentos.

Un portavoz de Salus declaró que la empresa no disponía de información suficiente para pronunciarse sobre este caso en específico, pero añadió en un correo electrónico que, “si bien los formularios específicos del DHS están en inglés, los formularios propios de Proyect Homecoming se presentan en inglés y español”. El portavoz de la compañía señaló asimismo que todas las decisiones sobre la elegibilidad corresponden, en última instancia, al gobierno. “Salus no determina la elegibilidad para la salida voluntaria ni la autoriza; dichas decisiones son competencia exclusiva del DHS”.

Las salidas voluntarias existían antes de que Trump regresara al cargo, pero la iniciativa de la administración de fomentar la autodeportación ha suscitado inquietud entre algunos abogados de inmigración, quienes señalan que, en la práctica, este proceso no parece contar con las mismas salvaguardias procedimentales que antes. Dagen afirma que no está claro si la autodeportación, tal como se aplica actualmente, garantiza siempre que los detenidos puedan ejercer su derecho a contar con un abogado o si obliga a ICE a cumplir con los beneficios prometidos por el gobierno, como los pagos de salida y los recursos legales. “Si la autodeportación implica pedir a las personas que renuncien a la oportunidad de acudir a los tribunales”, advierte Dagen, “también están renunciando al derecho a conocer sus derechos y a hacerlos valer”.

“Dado que la detención es intrínsecamente coercitiva, la mejor manera de que una persona tome una decisión informada es teniendo la oportunidad de hablar con un abogado de inmigración sobre los detalles de su caso particular”, añade Whitlock, del Centro Nacional de Leyes Migratorias. “Es muy poco probable que un contratista privado del gobierno, que no es abogado, actúe en beneficio de la persona detenida”.

En respuesta a diversas consultas, un portavoz de DHS afirmó que e ICE proporciona a todos los detenidos una lista aprobada por una corte de abogados que ofrecen sus servicios de forma gratuita o a bajo costo, además de facilitarles acceso a bibliotecas jurídicas, servicios de traducción, y teléfonos para comunicarse con sus abogados. Sin embargo, los abogados de los detenidos han señalado que sus clientes no siempre disponen de acceso suficiente a asistencia legal mientras permanecen bajo custodia. Por ejemplo, en una declaración judicial presentada en enero, un abogado radicado en Minnesota relató haber pasado muchas horas llamando al número de contacto de los agentes de una oficina regional de ICE el cual se les había indicado usar para localizar a sus clientes y acceder a ellos y afirmó que solo en una ocasión alguien respondió a la llamada.

"Según un documento judicial presentado por el gobierno, un funcionario de DHS señaló en un momento dado que las acciones del departamento 'parecía favorecer a Salus'."

El contrato de Salus pronto se vio envuelto en la polémica. Según señalaron los críticos, Walters ha cultivado vínculos con el movimiento MAGA, incluyendo una donación realizada en octubre de 2024 a un comité de acción política (PAC, en inglés) vinculado a Noem, quien ocupaba el cargo de Secretaria de DHS cuando se otorgó el contrato. Tal como informaron Mother Jones y POGO Investigates, el año pasado CSI Aviation demandó a DHS en un intento por anular el contrato, argumentando que el departamento había llevado a cabo un proceso fraudulento para darle el trabajo a Salus. CSI sostuvo que las acciones del DHS le impidieron competir y beneficiaron indebidamente a Salus.

La demanda sacó a la luz un reconocimiento por parte del gobierno de que, antes de otorgar el contrato, funcionarios de DHS habían “compartido con Salus información presupuestaria y operativa de alto nivel que no estaba disponible al público”. Según un documento judicial presentado por el gobierno, un funcionario de DHS señaló en un momento dado que las acciones del departamento “parecía favorecer a Salus”. (Dicho funcionario concluyó finalmente que el departamento había tomado medidas suficientes para mitigar los problemas).

En mayo de 2026, un juez falló en contra de CSI tras determinar que la empresa no había demostrado que pudiera haber hechoo el trabajo. El juez también expresó su “confianza” que las actuaciones del DHS fueron correctas, “al menos basándose en el expediente administrativo presentado ante este tribunal”. No obstante, el acuerdo suscitó escepticismo entre los demócratas del Congreso e incluso entre algunos funcionarios de la administración Trump. En julio, el DHS anunció planes para convocar un nuevo proceso destinado a sustituir el contrato que Salus actualmente tiene.

Walters y la red de empresas vinculadas a él se han visto envueltos en otras polémicas. En marzo, Mother Jones y POGO Investigates reportaron sobre el papel de empresas relacionadas con Walters en la contratación de aviones de lujo y otras aeronaves para DHS. Esto incluye el ya conocido “Big, Beautiful Jet” (Gran y Hermoso Avión) en el que volaron Noem y su principal asesor, Corey Lewandowski. Dicho avión se convirtió en un foco de críticas hacia Noem durante las audiencias en el Congreso celebradas en marzo, las cuales precipitaron su destitución.

Salus ha atribuido el escrutinio, en parte, a sus rivales corporativos. En una carta enviada al Congreso en abril, Walters señaló que estos competidores controlan una parte mucho mayor del sector de las deportaciones que Salus, y argumentó que su dominio le cuesta miles de millones de dólares a los contribuyentes y aumenta el tiempo que los inmigrantes pasan en detención. “Entre 2022 y 2025, cuatro de esas empresas que han basado su negocio en centros de detención privados y vuelos de deportación forzosa han recibido contratos por valor de más de 7,000 millones de dólares; una cifra superior a la suma de los contratos otorgados a los 43 siguientes contratistas del ICE”, escribió.

Según Walters, la labor de Salus para facilitar las autodeportaciones desde mayo de 2025 “ha ahorrado al DHS más de 2,000 millones de dólares en comparación con las deportaciones forzosas”. Esto, señaló, suponía una amenaza directa para los beneficios de empresas como GEO y CSI, que “adoptan un enfoque menos humano”.
Por su parte, GEO Group ha negado sistemáticamente ejercer presión para aumentar el tiempo que los detenidos pasan en sus instalaciones. “No adoptamos ninguna postura ni hemos abogado nunca a favor o en contra de políticas de justicia penal o de inmigración, tales como la criminalización de conductas, la duración de las penas o los motivos y la duración del encarcelamiento o la detención de una persona”, afirma la empresa en su sitio web.

En su carta a los legisladores, Walters también cuestionó un reportaje de la cadena de noticias NBC en marzo que citaba a una fuente anónima; esta afirmaba que Salus había presionado a una “empresa de mercadeo” no identificada que buscaba un subcontrato para que se asociara con una compañía vinculada a Lewandowski. Dicha noticia llevó al representante Robert García, el demócrata de mayor rango en el Comité de Supervisión y Rendición de Cuentas de la Cámara de Representantes. a preguntar a Walters si Lewandowski o alguien vinculado a él había solicitado alguna vez algo de valor a Salus a cambio de un trato favorable, o si Salus había ofrecido o entregado algo de valor a Lewandowski. Tanto Lewandowski como Salus han negado haberlo hecho.

En respuesta a los legisladores, Walters insinuó que sus competidores estaban detrás de las noticias negativas sobre su empresa. “Cuando esos competidores no lograron conseguir un contrato a través de una competencia justa para la que no estaban cualificados, y cuando el DHS tuvo el descaro de oponerse a la protesta sobre el contrato ante un tribunal federal, recurrieron a cabilderos y a “reporteros” sin ética para engañarles y acusarnos de delitos tan inverosímiles como indignantes”, escribió Walters. (Salus no ha alegado que los reportajes publicadas por Mother Jones y POGO sea incorrectas)Walters también facilitó a los legisladores correos electrónicos que David Panzer, abogado de Salus, había enviado a un reportero de NBC antes de que se publicara el reportaje de dicha cadena; entre ellos figuraba uno en el que calificaba de “totalmente falsas” las afirmaciones por las que el reportero había preguntado.
“A Salus le preocupa que le estén dando información falsa”, escribió Panzer al periodista el 16 de marzo. Tras la publicación del reportaje, Panzer escribió al principal abogado general de NBC exigiendo que la cadena se retractara de la información difundida y amenazando con emprender acciones legales. Días después, NBC actualizó la noticia incluyendo comentarios adicionales de Salus.

"Sin embargo, a pesar de la animosidad y las disputas legales, el negocio de “autodeportación” de Salus parece beneficiarse de las duras tácticas de detención y deportación de sus rivales."

NBC News no respondió a una solicitud de comentarios.

Una de las razones por la que Walters reacciona con molestia ante las acusaciones de que su empresa se ha beneficiado del favoritismo gubernamental es que, a su juicio, el sistema en realidad ya está organizado en su contra. GEO y CSI Aviation mantienen estrechos vínculos con la administración. El nuevo director interino del ICE es David Venturella, exejecutivo de GEO Group. Tom Homan, el llamado “zar de la frontera” de la Casa Blanca, trabajó anteriormente como consultor de GEO. Allen Weh, director ejecutivo de CSI, organizó un mitin de campaña para Trump días antes de las elecciones de 2024.

“Los registros muestran el mismo patrón recurrente”, argumentó Salus en un documento adjunto a la carta de Walters al Congreso: “el uso reiterado de contratos de fuente única, de fuente limitada, contratos de continuación, solicitudes de contratos con un solo oferente, u otros mecanismos sustancialmente no competitivos” que benefician a CSI y a otros competidores de Salus.

Uno de esos contratos “provisionales” ha sido objeto de críticas en una nueva demanda colectiva contra CSI y su subcontratista GlobalX, presentada por venezolanos deportados a la prisión de mala fama CECOT de El Salvador. La demanda señala que CSI e ICE acordaron modificar su contrato el día anterior al despegue de los aviones de traslado. Según la demanda, tanto el contrato como la modificación “tenían el claro objetivo de implementar el acuerdo entre Estados Unidos y El Salvador para trasladar a migrantes venezolanos al CECOT”. Ninguna de las empresas respondió a una solicitud de comentarios sobre la demanda.

Sin embargo, a pesar de la animosidad y las disputas legales, el negocio de “autodeportación” de Salus parece beneficiarse de las duras tácticas de detención y deportación de sus rivales. En un correo electrónico, un portavoz del DHS refutó la idea de que el acuerdo fuera coercitivo, declarándolo como “categóricamente falso que presionáramos a alguien para autodeportarse”.

Sin embargo, en el mismo correo electrónico, el portavoz escribió que “estar detenido es una decisión propia”, y añadió: “Instamos a todos los ilegales a tomar el control de su salida mediante la aplicación CBP Home”. El portavoz señaló que los inmigrantes deberían “aprovecharse” de los 2,600 dólares y los vuelos gratuitos. “De lo contrario, serán arrestados y deportados sin posibilidad de regresar”.

Y continúa la campaña de comunicación pública. En un comunicado de prensa del 23 de julio, el DHS afirmó haber impuesto multas por valor de 84,000 millones de dólares a “ilegales que se niegan a abandonar Estados Unidos”.

“Nuestro mensaje para los ilegales es claro”, declaró un funcionario del departamento en el comunicado. “LÁRGENSEN AHORA. Si no lo hacen, sufrirán las consecuencias, incluyendo multas, arresto, y deportación”.

This story is a collaboration between Mother Jones, POGO Investigates, and the Investigative Reporting Workshop at American University.

William Walters is fighting to hang on to a massive government contract. Since last year, Walters’ firm—Salus Worldwide Solutions—has been running a high-profile Trump administration program that offers free flights and cash to undocumented immigrants who agree to “self-deport.” And for nearly as long, Walters’ detractors and competitors have been trying to pry this work away from his firm.

The lucrative contract—worth up to $915 million—has drawn backlash on Capitol Hill following allegations that Salus won the award through a procurement process that seemed to favor the company. In response, Walters has asserted that his company’s troubles are being ginned up by rival contractors. He has taken aim at the private prison giant GEO Group and CSI Aviation, a firm that handles non-voluntary deportation flights. Those companies, Walters argues, are working to undermine Salus’ self-deportation efforts because they will make more money if migrants remain behind bars for longer periods of time, before being forcibly deported.

“GEO Group and CSI Aviation…stand to profit the most from longer detention and custodial deportation of immigrants in chains,” Walters recently charged after Rep. Bennie Thompson, the top Democrat on the House Homeland Security Committee, urged the Department of Homeland Security to cancel Salus’ contract.

So far, Walters has not provided direct evidence proving his claims that these companies have “engineered” congressional or media scrutiny of Salus, although CSI Aviation and GEO Group do lobby Congress on issues related to immigration. GEO Group and CSI Aviation did not respond to multiple requests for comment; Navigators Global, a DC lobbying firm that works with both companies, did not respond to a query.

But there is little question that Salus, CSI, and GEO are fighting over portions of the Trump-era mass-deportation industry. In this growing market, people facing deportation—whether they are detained in squalid camps, forcibly flown out of the country, or agree to leave under the threat of detention—are seen as commodities.

“The Trump administration opened the floodgates for these predatory companies to come in and profit off of detaining human beings,” said Jennifer Ibañez Whitlock, senior policy counsel with the National Immigration Law Center. She noted that beyond aviation and private prison companies, firms are profiting by providing food, laundry, and varied other services to the tens of thousands of people in ICE confinement every day. “There is so much money right now in detaining people,” she said.

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DHS’s self-deportation campaign has become a central pillar of the administration’s efforts to remove millions of immigrants from the country. In theory, the idea is relatively straightforward: faced with the specter of President Donald Trump’s immigration crackdown, undocumented immigrants can choose to end their legal efforts to remain in the United States and voluntarily return to their countries of origin. Since the White House launched Project Homecoming in May of last year, the administration has used a barrage of social media posts, television appearances, and flyers in immigration courts and detention facilities to push immigrants to “leave on their own terms.”

Salus, the sole company with a federal contract to facilitate self-deportations, has taken the campaign to dozens of ICE detention centers around the country. The company’s DHS contract tasks it with supporting Project Homecoming by signing up detained people to self-deport, buying them plane tickets, processing “exit payments,” chartering flights, and delivering other services. Salus provides the “only on-site personnel dedicated to identifying and assisting with processing voluntary departure candidates,” according to a court filing.

Salus says that, compared to the harsh realities of prolonged ICE detention, its self-deportation program offers a “more humane and dignified approach to the departure of illegal aliens.” Yet some critics, including attorneys for migrants who have been approached by the company’s representatives, say the choice being offered to detainees can be coercive.

According to Emilie Raber, a senior attorney at the Amica Center for Immigrant Rights, conditions in ICE facilities are one of the most significant factors detainees tend to weigh when deciding whether to continue pursuing their immigration cases in court or voluntarily leave the country. Those conditions can be dismal, even deadly; fatalities in ICE facilities this year are on track to exceed the number of deaths in 2004, the highest number in a year to date. The administration has often touted harsh detention as a feature, not a bug, notably in the case of Florida’s now-shuttered “Alligator Alcatraz.”

The implicit threat is hard to miss. “Leave on your OWN terms,” ICE warned migrants in a social media post last September. “AVOID THE JAIL CELL. AVOID THE HUMILIATION.” Former DHS Secretary Kristi Noem last year launched a $220 million ad campaign touting that message with images of cuffed detainees being forcibly placed on planes.

Salus’ self-deportation operations stretch far and wide. A review of job postings shows the company and its subcontractor, BDR Strategic Services, have been hiring “facility enrollment managers” and “detainee support officers” near detention centers across the country. In a December court filing, Salus said it had dispatched two-person “enrollment management teams” to facilities to recruit migrants for the program. As of early July, its employees have entered at least 50 facilities across the country, according to a document that Walters shared. A Salus spokesperson said that, as of August 3, the company had facilitated 137,000 self-deportations.

In mid-April, a Salus employee approached a Central American immigrant with a set of self-deportation papers in a Louisiana ICE detention facility, according to Raber and Amelia Dagen, who represent the detainee. The attorneys declined to name the client over concerns for his privacy and because his case is sensitive. In an email to Raber, an assistant US attorney confirmed Salus’ involvement.

According to Raber, Salus was pitching its program to many detainees in the facility as a way to leave detention. The papers weren’t in her client’s native Spanish, but the client understood that Salus was offering “voluntary departure.” Raber said her client had a preexisting medical issue, which went untreated while he was detained. (We could not independently verify the detainee’s medical condition, but inadequate health care is common in ICE detention facilities.) Still, the client declined to sign the papers.

A Salus spokesperson said the company did not have enough information to comment on this specific case but added in an email that “while DHS-specific forms are in English, forms specific to Project Homecoming are presented in English and Spanish.” The company spokesperson also said all eligibility decisions are ultimately the government’s: “Salus does not determine eligibility for or authorize voluntary departure. Those decisions are made exclusively by DHS.”

Voluntary departures existed before Trump reentered office, but the administration’s self-deportation push has drawn concerns from some immigration attorneys who say that, in practice, it does not appear to have the same procedural guardrails as before. Dagen says it’s unclear whether self-deportation, as it now exists, always enables detainees to exercise their right to an attorney or holds ICE to the benefits, like exit payments and legal relief, that the government is promising them. “If self-deportation is asking people to give up their opportunity to go to court,” Dagen cautions, “they are also giving up the right to hear their rights and then pursue them.”

“Given that detention is inherently coercive, the best way for an individual to make an informed decision is by getting a chance to speak to an immigration attorney about the details of their specific case,” adds Whitlock of the National Immigration Law Center. “It is highly unlikely that a private government contractor, who isn’t an attorney, is acting in the best interest of someone in detention.”

In response to questions, a DHS spokesperson asserted that ICE gives all detainees a court-approved list of free or low-cost attorneys and access to law libraries, translation services, and phones to contact their lawyers. But attorneys for detainees have said their clients don’t always receive sufficient access to counsel while in detention. In a January court declaration, for example, one Minnesota-based attorney recounted spending many hours calling the ICE field officer number they’d been instructed to use to locate and get access to their clients. Only once did someone pick up, according to the declaration.

Salus’ contract quickly ran into controversy. Walters, critics noted, has cultivated MAGA ties, including an October 2024 donation to a PAC linked to Noem, who was DHS secretary when the contract was awarded. As Mother Jones and POGO Investigates reported, CSI Aviation last year sued DHS in an attempt to nullify the contract, arguing that the department had conducted a “sham” competition to award this work to Salus. CSI claimed DHS actions blocked it from competing and improperly benefited Salus.

The suit turned up a government acknowledgement that, prior to awarding the contract, DHS officials had “shared high-level budget and task information with Salus that was not available to the public.” According to a government court filing, a DHS official at one point observed that the department’s actions “created an appearance of favoritism toward Salus.” (That official ultimately concluded the department had taken sufficient steps to mitigate the problems.)

In May 2026, a judge ruled against CSI after finding CSI hadn’t shown it could have performed the work. The judge also wrote that he was “confident” DHS’s actions were proper, “at least based on the administrative record before this Court.” Still, the deal faced skepticism from congressional Democrats and even some Trump administration officials. In July, DHS announced plans for a new competition to replace the contract Salus currently holds.

Walters and the web of companies linked to him have faced other controversy. Mother Jones and POGO Investigates reported in March on the role of Walters-connected firms in procuring luxury jets and other planes for DHS. That includes the now-infamous “Big, Beautiful Jet” that Noem and her top aide, Corey Lewandowski, flew on. The jet became a focal point of criticism of Noem during congressional hearings in March that precipitated her firing.

Salus has blamed the scrutiny in part on its corporate rivals. In a letter to Congress in April, Walters noted that these competitors control a far larger portion of the deportation industry than Salus does, and he argued that their dominance is costing taxpayers billions of dollars and increasing the amount of time immigrants spend in detention. “Between 2022 and 2025, four of those companies that have built their business around private detention centers and forced deportation flights, have received more than $7 billion in contract awards which is more than the next 43 ICE contractors combined,” he wrote.

According to Walters, Salus’ work facilitating self-deportations since May 2025 “has saved DHS more than $2 billion over forced deportation.” This, he said, was a direct threat to the bottom line of companies like GEO and CSI that “take a less humane approach.”

For its part, GEO Group has consistently denied that it lobbies to increase the time that detainees spend in its facilities. “We do not take a position on nor have we ever advocated for or against criminal justice or immigration policies such as whether to criminalize behavior, the length of criminal sentences, or the basis for or length of an individual’s incarceration or detention,” the company says on its website.

In his letter to lawmakers, Walters also took aim at a March 19 NBC News story that cited an anonymous source who alleged that Salus had pressured an unidentified “marketing firm” seeking a subcontract to partner with a company linked to Lewandowski. That story had prompted Rep. Robert Garcia, the leading Democrat on the House Oversight Committee, to ask Walters if Lewandowski or anyone tied to Lewandowski had ever solicited anything of value from Salus in exchange for favorable treatment, or if Salus had offered or delivered anything of value to Lewandowski. Lewandowski and Salus have denied doing so.

Responding to the lawmakers, Walters implied that his rivals were behind negative stories about his company. “When those competitors could not win in a fair contract competition that they were not qualified for, and when DHS had the temerity to push back against their bid protest in federal court, they turned to lobbyists and unethical ‘reporters’ to mislead you and accuse us of crimes as implausible as they are outrageous,” Walters wrote. (Salus has not alleged that any reporting by Mother Jones and POGO is inaccurate.)

Walters also provided lawmakers emails that Salus’ lawyer David Panzer sent to an NBC reporter prior to the NBC story’s publication, including one calling the claims the reporter asked about “entirely false.”

“Salus has concerns that you may be being fed false information,” Panzer wrote to the reporter on March 16. After the story ran, Panzer wrote to NBC’s general counsel, demanding the network retract its reporting and threatening a lawsuit. Days later, NBC updated its story with additional comments from Salus.

NBC News did not respond to a request for comment.

Among the reasons Walters bristles at accusations that his company has benefited from government favoritism is that, in his view, the system is actually rigged against him. GEO and CSI Aviation have extensive ties to the administration. ICE’s new acting director is former GEO Group executive David Venturella. White House Border Czar Tom Homan formerly worked as a GEO consultant. CSI CEO Allen Weh hosted a campaign rally for Trump days before the 2024 election.

“The record shows the same recurring pattern,” Salus argued in a document attached to Walters’ letter to Congress, “the repeated use of sole-source, limited source, follow-on bridge contracts, solicitations with one offeror, or other materially noncompetitive vehicles” that benefit CSI and other Salus competitors.

One of those no-bid “interim” contracts has been singled out for criticism in a new class-action lawsuit against CSI and its subcontractor GlobalX brought by Venezuelans deported to El Salvador’s notorious CECOT prison. The lawsuit notes that CSI and ICE agreed to modify their contract the day before the rendition planes took off. The no-bid contract and the modification, the suit says, “were plainly aimed at implementing the U.S.–El Salvador agreement to render Venezuelan migrants to CECOT.” Neither company responded to a request for comment on the suit.

But for all the bad blood and legal brawling, Salus’ self-deportation business seems to benefit from his rivals’ harsh detention and deportation tactics. In an email, a DHS spokesperson disputed the notion that the arrangement was coercive, declaring it “categorically false [that] we would pressure someone to self-deport.”

But in the same email, the spokesperson wrote that “being in detention is a choice,” adding, “We encourage all illegal aliens to take control of their departure with the CBP Home App.” The spokesperson wrote that immigrants should “take advantage” of the $2,600 and free flights. “If not, you will be arrested and deported without a chance to return.”

And the public messaging campaign continues. In a July 23 press release, DHS claimed it had imposed $84 billion in fines on “illegal aliens who refuse to leave the United States.”

“Our message to illegal aliens is clear,” a department official said in the release. “LEAVE NOW. If you don’t you will face the consequences, including fines, arrest, and deportation.”

Update, August 6: This story has been revised with updated self-deportation statistics provided by Salus.

Dan Friedman

Dan Friedman is a senior reporter in Mother Jones' DC bureau.

Will Sytsma

Will Sytsyma is an intern at American University's Investigative Reporting Workshop.

Nick Schwellenbach

Nick Schwellenbach is a senior investigator at POGO Investigates, the news reporting arm of the Project On Government Oversight.

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